
Si aún no has ido a una calçotada este año, te tenemos que decir algo: el reloj corre. La temporada de calçots en Barcelona está llegando a su recta final y, como suele pasar con todo lo bueno, cuando te das cuenta de que se acaba es cuando más ganas te entran de disfrutarlo.
No hay prisa... bueno, sí que la hay. Un poco.
Para quien llegue nuevo a esta tradición, los calçots son una variedad de cebolla tierna con denominación de origen en Valls (Tarragona), aunque Barcelona los ha adoptado con toda la pasión que le caracteriza. Son largos, dulces, con ese punto ahumado que solo consigues echándolos directamente a las brasas.

El ritual es tan importante como el ingrediente: se asan hasta que la capa exterior queda negra, se envuelven en papel de periódico para que suden un rato, y se sirven calientes. El comensal los pela con las manos —sí, con las manos, y sí, te manchas— y los moja en salsa romesco antes de echarlos a la boca de un solo bocado, con el brazo bien estirado hacia arriba.
Es teatro, es gastronomía y es excusa perfecta para reunirse.
La temporada de calçots va de noviembre a abril, pero los meses de mayor dulzor y calidad son enero, febrero y marzo. Ahora mismo estamos en ese tramo final donde los calçots están en su punto óptimo pero las semanas se acaban.
Dicho de otra manera: si estás leyendo esto en marzo, aún estás a tiempo. Pero no esperes mucho más.
Una calçotada no es solo un plato. Es un formato social. Se come en grupos, dura horas, y suele venir acompañada de carne a la brasa, pan con tomate, vino de la tierra y una sobremesa que nadie quiere que termine.
La secuencia clásica:
Puedes ver el detalle de lo que incluye nuestro menú de calçots antes de venir, para que no haya sorpresas.
Barcelona tiene buenos sitios para vivir la experiencia, pero no todos son iguales. Lo que marca la diferencia es la brasa en condiciones, el producto bien seleccionado y el ambiente —que con los calçots importa casi tanto como la comida.
En Pasa Tapas, llevamos más de 28 años trabajando la cocina catalana de barrio con producto de temporada. Nuestra calçotada es cosa seria: calçots frescos de temporada, romesco de verdad, carne a la brasa y el ambiente de siempre en plena Barceloneta.
No se puede hablar de calçots sin hablar de romesco. Es la salsa que los acompaña y, en muchos sentidos, la que decide si una calçotada es buena o es memorable.

La receta tradicional lleva ñoras, tomate, ajo, almendra, avellana, aceite de oliva y pan tostado. Se muele todo en mortero o procesador hasta obtener una pasta densa, ligeramente picante, con ese color rojo oscuro que reconoces al instante. Según el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, la calçotada está reconocida como parte del patrimonio gastronómico catalán.
Estamos en la Barceloneta, con más de dos décadas de historia y una brasa que no para. Si quieres cerrar la temporada de calçots 2026 como se merece, reserva directamente aquí.
Quedan pocas semanas. Que no se diga que no te avisamos.